domingo, 30 de octubre de 2022

                     


                             EL GALLEGO CABEZÓN      

Algún día escribiré sobre mi padre, es muy difícil para mí escribir sobre alguien querido pero lo intentaré.

Hoy sólo voy a contar un caso que me relató y, antes de que se me olvide, quiero escribirlo.

Terminada la Guerra Civil Española, los que lucharon en la "zona roja" escaparon por la zona de la costa del Mediterráneo, por Valencia y Cataluña, hasta llegar a Francia. Allí los metían en campos de concentración que habían creado para los españoles que huían de su país.

Mi padre estuvo en un campo de concentración francés cerca de un pueblo llamado Saint-Cyprien.
Al volver a España ( ésto lo contaré con detalle en otra ocasión ) lo cogieron y lo metieron en diferentes campos de concentración franquistas en donde estuvo durante dieciocho meses.
Me dijo mi padre que había más de 300 campos de concentración franquistas en España y funcionando desde el principio de la Guerra Civil. Después, he leído, estudiado, y he visto que mi padre se quedó corto.

La comida en todos los campos era malísima, escasa y asquerosa. Les daban una especie de cacerola de hojalata, con dos asas, para echarles la "sopa". Aquello era una especie de agua caliente que no se podía tragar.
En el mismo campo, había un gallego que siempre se colaba en la fila de la comida porque era paisano del jefe.
Se colaba un día y otro, otro, otro, otro,... hasta que se hartó mi padre y le dio con el "cacerolo" de hojalata hasta que lo abolló y lo dejó plano de los golpes. 

El gallego cabezón no se volvió a colar más.

Mi padre me quería enseñar y contar todo lo que sabía.
Era grande mi padre, un hombre adelantado a su tiempo.

Seguiré pensando lo que escribiré de él.

A ver si lo leéis.

Un abracico.

Amelia Jaén.